Llegaba siempre media hora antes de tomar el turno…así que más o menos 11 y media cruzaba la puerta y empezaba la catarata de saludos.
Por informativo, por la cocina, por producción…el Indio pasaba y se reía un ratito con cada uno.
Se sentaba en la sala y ojeaba el diario con los anteojos a media nariz y las piernas cruzadas a la altura de la rodilla.

Cuando tomaba la consola ponía un rock. Arrancaba con eso. Y empezaba el festival…porque mientras adentro del estudio los locutores leían las noticias, él por interno comentaba y aportaba…y todos terminaban tentados.

A la tarde se tomaba un mate con alguien que estuviera haciendo producción y 10 minutos antes de irse regaba la planta grande que está al lado de la ventana.

Se extrañan todas estas cosas.

La partida de Jorge “El Indio” Ralinqueo fue inesperada para su familia, para sus amigos y para los compañeros que lo vimos irse a hacer una consulta y ahí quedó todo.

Se terminaron las historias de las nenas, las fotos de Charito, la charla donde Bety estaba presente y las recetas que nos pasaba a todos mientras nos contaba que había cocinado una patita a fuego lento…describía con las manos y parecía que uno lo veía…en su cocina grande, con pasión, armando una comida para la gente que amaba.

El Indio era un buen tipo. Se enojaba como todos, pero era solidario y cuando se reía, se reía con el alma…esa gente que se ríe con los ojos, que larga carcajadas sin complejos.

Sus compañeros sentimos la ausencia y este jueves 24, que se conmemora el día del operador de radio, para nosotros tiene un significado más.

Porque al reconocimiento a quienes realizan esa imprescindible tarea, se suma el recuerdo de nuestro querido Indio, que vaya a saber uno por dónde anda, levantando perillas y haciendo reír locutores que salen al aire.