Por eso hay muchos maestros que llegan desde el norte del país para hacerse cargo de cargos en la ruralidad, atraídos por mejores sueldos que en su provincia de origen y por un régimen de retiro más benigno, pues se jubilan a los 53 años acá cuando en sus lugares de origen tienen que trabajar, en algunos casos, hasta los 62 para jubilarse.
El fenómeno fue admitido en diálogo con Radio Chubut por la ministro de educación, Graciela Cigudosa, quien puso a su experiencia personal como ejemplo de la falta de interés de los docentes locales a ir al interior.

“Cuando me recibí comencé a ejercer en Río Senguer, donde en total había como 50 docentes de las cuales de Chubut éramos apenas 3” recordó.

Lo llamativo además es que se produce una “discriminación invertida” ya que el sistema, en vez de favorecer a los docentes provinciales, le daba mejores condiciones a los que venían del norte, quienes obtenían casa y beneficios que los propios no.

Cigudosa admitió las dificultades que esto acarrea porque además los docentes del norte vienen con su bagaje cultural y modismos idiomáticos que lo trasladan al aula frente a alumnos que escuchan por primera vez vocablos que no son su lenguaje habitual.

También preocupó en su momento el nivel profesional de los docentes que venían de otras provincias, ya que hay distritos que reconocían a educadores con apenas dos años de formación para todos los niveles, cuando en Chubut se exigen 4, sistema que se mejoró tras unificarse criterios en el Consejo Federal de Educación a nivel nacional.

El otro problema es que cada vez que un docente del norte se ausenta por algún fin de semana largo o vacaciones para volver a sus pagos, generalmente se queda más tiempo del previsto perjudicando a los niños.

“Aparecen más certificados médicos o se toman días por atención de familiares” explicó Cigudosa.

Entre las correcciones que se pensaron figura la imposibilidad de que un docente de otra provincia tenga un cargo titular antes de los dos años de residencia, aunque ella pretendía al menos 5 para asegurarse que exista un arraigo.